trato de novios

autopsia del deseo

Ya no soy tuya.


Esto apenas empieza.

El jale truena donde el hambre y el antojo se hacen compas y el neón escupe la noche. Dale, wey. Pa' eso es. Nadie dice que no.

Hasta ahorita.

Trato de Novios es los masajes del centro. Las que los jalan. Los que caen. Sin filtro. Sin miedo. Sin culpa.

Las chicas no quieren que les tengas lástima, wey. Quieren que te apures, que termines de una vez pa' brincar al que sigue. Y suelta pa' la propa. ¿Entiendes?

Los tipos agarran sus quince minutos. Se les baja en una o dos cuadras. En cuanto juntan feria ya están otra vez parados en la puerta. No se lo cuentan a la esposa ni a la novia; se lo cuentan entre ellos. Hasta hay un blog en Google. Las chicas se prenden cuando sale su nombre. Es bueno pa'l jale.

Pum. Pum. Pum. Uno en la banqueta. Otro en el umbral. Otro atrás del escritorio. Como serie de la tele. Esto apenas empieza.

Juana fue la primera. Luego Pepe. Después Carlos. Luego Claudia, al otro lado de la ciudad. Sin parar. Carlos Salazar. Diego Montemayor. Platón Sánchez. Reforma. (Ese fue triple: tres en una cuadra.) Alguien está tumbando a los que manejan los masajes, uno por uno, a puro plomazo bien puesto en la cabeza.

¿Abierto?

Cerrado.

Una morra, pelo negro hasta la cintura, con faldita negra, repantigada en el sillón justo enfrente de la puerta abierta pa' la calle. Hoy anda tranquis.

No hay mejor manera de decir «ya no soy tuya» que tronarle la chompa a un cabrón que se lo ganó.

 

VOLVER.

Duele. Cuesta. La máquina no da cambio. MÁS.