trato de novios

autopsia del deseo

Por una vez puede respirar.


Es mejor que andar encabronada todo el pinche día.

Hay poco que pueda salvar a un hombre cuando el infierno lo llama y el suelo se abre bajo sus pies. Sólo las calles, la cárcel y la morgue son lo suficientemente fuertes para amortiguar su caída. Una mujer, sin embargo, puede contar con que un desvío aparezca justo antes de tocar fondo: uno que le impide caer más y a veces incluso le ofrece una salida cuando nadie ni nada más lo hará.

SOLICITANDO CHICAS dice el cartel. Hay uno en esta cuadra y la siguiente y la siguiente. El orgullo es lo primero que ella tragará. Una vez que el dinero empieza a llegar, no hay vuelta atrás. Ahora puede pagar la luz antes de que se la corten nuevamente. Ahora puede pagar el dinero de protección que mantiene vivo al padre de su bebé mientras el wey está en el penal. Ahora puede comprarle un juguete a su hijo en lugar de decirle que no y verlo empezar a llorar. Por una vez puede respirar. Al fin y al cabo ella hace las paces con la situación. Es mejor que andar encabronada todo el pinche dïa.

Alguien piensa de otra manera.

Juana fue la primera. Trozos de cráneo y cerebro golpearon la pared detrás del escritorio. La sangre salpicó el libro de cuentas que registraba qué chica hizo qué y cuándo, y una orden de tacos de Tlaquepaque en Rayón a medio comer. Simplemente no era su día.

Juana fue la primera. Luego Pepe. Después Carlos. Luego Claudia, al otro lado de la ciudad. Sin parar. Carlos Salazar. Diego Montemayor. Platón Sánchez. Reforma. (Ese fue triple: tres en una cuadra.)

¿Abierto?

Cerrado.

A plena luz, al oscurecer, 3:00 AM. Monterrey, centro. Alguien está tumbando a los que manejan los masajes. Uno por uno. Una bala bien puesta en la cabeza.

El Metro subió otra vez. Las tortillas también. ¿Sabes quién vende el mejor pozole de este rancho?

Las chicas siguen dando servicios. Los tipos siguen pagando.

Una bala tiene la última palabra.

 

VOLVER.

Duele. Cuesta. La máquina no da cambio. MÁS.