trato de novios

autopsia del deseo

¡Llévame al cuarto!


Encaríñate bajo tu propio riesgo.

Es una callecita, no la avenida principal. Hay varios tipos deambulando por la acera.

No pasa de los veintidós. Trae un pelazo negro que le llega hasta la cintura. Un amuleto deslustrado, el árbol de la vida, cuelga de una cadena trenzada alrededor de su cuello. Las tiras de los tacones se quedan desabrochadas. No tiene pa'l esfuerzo hoy.

Se ve malita. Sudando. Tiritando. Se ocupa más que eso pa que se largue. El wey de la puerta deja el teléfono por un momento y le consigue una silla donde sentarse y algo para ponerse sobre los hombros.

—Llévame al cuarto. ¿Quieres coger?

Trae la voz ronca. No trae pila. Total, nadie la oye. Un taxi avienta el claxon y se arranca antes de que cambie el semáforo.

Es un mundo de inversión. El rencor se esconde tras una sonrisa. El asco se hace pasar por un placer fingido. Su tono es cariñoso, pero la interacción es completamente anónima. Cuanto más vulgar se vuelve, más piensan los chicos que lo dice en serio. Todo en la experiencia es falso, insincero, artificial, pero siempre funciona. Los tipos lo devoran, se van con una sonrisa y vuelven tan pronto como pueden permitírselo. Tienen a sus favoritos y viceversa, pero en el fondo de todo ello se encuentra el mensaje de que las personas—incluso en su momento más vulnerable—son reemplazables, intercambiables, prescindibles, desechables. La superficie es todo lo que hay. Ningún momento importa más que otro. Encaríñate bajo tu propio riesgo.

¿Qué pasa cuando se encienden las luces y ella sube al camión y regresa a casa? ¿Y luego qué? ¿Quién vigila a los niños o cuida a mamá cuando es hora de ir a trabajar? ¿Qué pasa si tiene diarrea o cólicos menstruales tan fuertes que no puede levantarse de la cama? ¿Qué más hay que soñar o alcanzar? De pie en el umbral de una puerta con lencería. Fabricando erecciones. Ingeriendo su contenido. Un desgraciado menos, quedan diez. Quince si es una buena noche. Hay una historia humana en algún lugar de fondo, en alguna colonia donde termina su recorrido el autobús #68 o #223. Hay alguien que ella necesita y ama, y alguien que la necesita y la ama a ella. ¿Alguien lo sabe? ¿A alguien le importa? ¿Cambiaría algo si alguien lo supiera y a alguien le importara?

 

VOLVER.

Duele. Cuesta. La máquina no da cambio. MÁS.