—Ay, papi... qué calor... qué calor tiene tu verga...
Entre más corriente habla, más piensan los vatos que es neta.
ABIERTO. Diez en tres cuadras. SE SOLICITAN CHICAS. Con corazoncito y todo. Puerta abierta siempre. Así jala más raza, es mejor pa'l negocio.
Pasa el urbano retumbando. Sube el tufo de la alcantarilla. En el cuarto de la derecha un vato está pujando. Su panzota le brinca a la chica en el colchón. Le chorrea el sudor en la cara. Y a nadie le importa.
Aquí te dan lo que pagas. Debería estar pintado ahí mero abajo donde dice PRESERVATIVO OBLIGATORIO y NO FUMAR.
Cariño, te suelta, sin quitarle el ojo al cel, nomás te ve entrar. No te claves, aunque te guste cómo suena. Las demás te avientan una sonrisa que se les borra en cuanto escoges a otra. Aquí las sonrisas son desechables. Nomás significan una cosa.
El vicio no trae esperanza, trae feria. —Unos pocos de esos orgasmos sí son neta —confiesan las chicas. Juntan pa' la renta. Uniformes pa' los werkos. La medicina pa' la jefita. Un abono del comedor de Elizondo o de Elektra. Todos agarran su corte. Y todos, pos ni modo.
Los de planta las conocen por nombre, por el nombre que ellas les dicen, claro. Igual que ellas, van por lo que no encuentran en ningún otro lado. Les dura lo que les dura. Unas cuadras, por lo menos.
—Ay, papi... qué rico se siente tu verga... dame tu leche...
Las chicas llegan con los recibos en la bolsa y los werkos enfermos en la cabeza. A este jale le dicen trampolín. De repente todo se alcanza. Ya saben lo que es pararse doce horas en la tortillería por 250 bolas o vender tacos a vapor en el solazo. Aquí se hacen eso en veinte minutos, o menos. Haz cuentas. Es sacarse la lotería. Es un cajero que nunca dice no. Y a veces le pegan al gordo.
Los vatos que entran por la puerta no son monstruos ni enfermos. La mayoría no. Cae la quincena. Llegan con feria en mano, a pata o en taxi. A veces traen carro, aunque más de uno ha salido nomás para ver que se lo lleva la grúa por mal estacionado o por no echarle bien al parquímetro.
Algo se está moviendo en esta cuadra. No es casualidad. El dueño. El encargado. El cadenero. A cada uno, un balazo en la cabeza. Deja un charco bonito pa' limpiar. El trapeador y la cubeta están al fondo del pasillo. —Que le vaya bien, señor. Es otro tipo de maña. El error es pensar que es el último recurso. A veces tiene que ser lo primero que haces.
Le dicen tranquis justo antes del amanecer. Hora de irse a la casa. La mancha no se quita. Ni le intentes. Los que miran se hacen pendejos. Los que la hacen ya andan buscando al siguiente.
—Ay, papi... dame esa rica paleta que trais...
—Se acabó —dice ella— ya es hora de irte.
Alguien anda por la ciudad tronándose a los que manejan los masajes. Ni preguntes quién. Ni preguntes pa' qué. Nomás da gracias que por fin hubo huevos.
-30-
Duele. Cuesta. La máquina no da cambio. MÁS.