trato de novios

autopsia del deseo

Todo, puff, y a la chingada.


Esa opción está abierta pa' todos.

Normalmente no salen en las noticias, a menos que las encuentren estranguladas en un callejón o mutiladas en un cuarto de motel.

—¡Pásele, caballero! ¡Pásele! Aquí están las chicas. ¡Pásele!

Sonríe en automático y gime como si se la creyera. Todo, puff, y a la chingada cuando se le acaba el tiempo y tocan la puerta o le gritan su nombre desde el pasillo. Lo único real es la mancha en la sábana y los billetes bien dobladitos hasta el fondo de la bolsa de la chica.

—Mira. Este jale te da algo que no te da ningún otro. Tu propia feria. ¿Cuál es el otro plan? ¿Quedarte con un pendejo que te pega, te pone el cuerno y se mama la raya antes de llegar a la casa? Como el que agarró mi hermana. Simón. Ese plan.

Las chicas siempre dicen: —Tú decides qué pierdes. Tú decides qué te duele.

—¡Atrévete, wey! ¡No seas cobarde!

—¿Le entras a esto? Puedes con todo. Pararte encuerada enfrente de un cabrón sudado y apestoso que acaba de entrar de la calle. Y todo el pedo. No te da superpoderes. Ojalá. Pero te da algo.

—Te haces más dura que cualquier pendejo que te la pide a pelo y te agarra de la cabeza.

—Te lo llevas pa' la casa.

Cuando la sangre salpica la pared por la salida atrás del cráneo, una cosa queda clara. Las chicas no son las únicas que se avientan al extremo pa' conseguir lo que quieren. Esa opción está abierta pa' todos.

 

VOLVER.

Duele. Cuesta. La máquina no da cambio. MÁS.