En esta ciudad, los márgenes se ubican en el centro.
—A quienes trabajamos aquí no nos gusta hablar de ello.
Una mirada sin pelos de hasta dónde se avienta la gente por lo que quiere, una mirada desde ambos lados de la transacción.
Una obra de ficción que nunca se aleja de los hechos.
Craft.
Muestras de redacción.
Esquema de pasos.
Próximamente.
Escaleta.
Próximamente.
Revised 23.08.2026.
Las de los masajes del centro no confían ni madres. Él paga por su tiempo como todos los demás. Por una vez no tienen que subirse el vestidito.
Se le van la mitad de las preguntas. Nomás se sienta y escucha. Se clava con todo lo que sueltan.
Y luego se desaparece.
Un cel hecho pedazos. Una camisa batida en sangre. Una libreta toda mocha.
Hablar se cobra.
Monterrey, centro
El calor de agosto vuelve chicle el pavimento. Tráfico en la Y-Griega. Se avientan madres una tras otra.
En esta ciudad, los márgenes se encuentran en el centro. Es adónde cae la raza cuando no encuentra lo que busca en ningún otro lado. Consiguen lo que vienen a buscar. Y vuelven por más. Su sonrisas dice —a mí, a mí llévame. Aquí nomás manda una cosa. La feria. Todos le entran a lo que sea con tal de traerla. Y todos saben lo que te alcanza cuando la traes.
Este jale es fiel a los lugares y a la gente de la que habla. Lo único que cambia son los días de la semana, lo que traen puesto las chicas, y la música que se cuela por las paredes y que entra de la calle. Las únicas vidas que cambian son las de La Rosa de Guadalupe en la tele que siempre está prendida. Es una historia sobre lo que cuesta lo que quieres y lo que te llevas contigo al final del turno. La redención es un fajo de billetes al fondo de un bolso. La resolución es un ride en taxi de regreso a casa. No busques otra. Los lockers están atrás. Si quieres puedes empezar hoy mismo.
. . .
Los camiones escupen hollín mientras corren por la calle. El Metro retumba arriba.
Te tapa. Tienes que estar al tiro. La puerta siempre está abierta. Entras. Sales.
En la esquina. A media cuadra. Del otro lado de la ciudad.
Donde haya neón y billete.
. . .
Un flashazo. Un momento de sordera. Un balazo a quemarropa. Pedazos de sesos y cráneo salpican la orden de La Siberia. Normalmente no salen en las noticias. Hoy es la excepción. Los masajes, wey. Dueños. Encargados. El wey de la puerta. Los que traen el show.
¿Las chicas y los tipos? Nada que ver. Espectadores en primera fila.
La cinta amarilla dice «PROHIBIDO EL PASO». Acaba en la banqueta tres días después.
. . .
Las chicas ya oyeron todas las pendejadas que un vato quiere hacer con el pito, todos los cumplidos mal tirados y todas las mamadas de creído. Todas las mentiras que puedes imaginar. Y ellas también mienten igual. «¡Ay, papi... qué rico!» ¿Y los tipos? Hay de todos tamaños y formas hasta que se bajan el pantalón. Ahí todos quieren lo mismo. Nomás pa' una cosa sirven... soltar la feria.
Ésta pasa de no saber cómo les va a dar de comer a los werkos, a traer más feria de la que ha visto en su vida al final de la noche. Saca pa' la renta y le abona al comedor. Ropa escolar. Medicina pa' la jefa. El Izzy. La CFE. El Payjoy. La tanda. Todo al corriente. Les lleva papitas y dulces del Oxxo a los werkos todas las noches. Tenis nuevos cada que los ocupan. Imagínate cómo se siente. Volverá mañana. Puedes contar con ello.
¿Menso o pendejo? Éste viene bien brilloso, bien orgulloso de sí mismo. Se está cogiendo a una chica que sonríe si trae pilas y gime pa' que le de mejor propina. Se da su toquecito de bien verga y paga pa' sentirse otro, uno mejor. No le dura ni pa' llegar a su casa. Dos cuadras a lo máximo. Y vuelve en cuanto traiga con qué.
Ella saca pa' la renta. Él renta un sentimiento.
Esto es lo que te llevas pa' tu casa esta noche. El plano del cuarto. La banqueta. Las manchas que ni con Fabuloso salen. Lo que se siente ser libre y estar atorado al mismo tiempo. Lo que es que te den una chinga y aun así salgas con premio. Cómo se ve que te den chance cuando ni sales de la cuadra.
. . .
En estas páginas las chicas sueltan todo. Los tipos. Ellas mismas. Lo que cuesta. Lo que deja. Los tipos se lucen. Se regodean. Le dicen «relax». Le dicen «es mi hobby». Uno o dos sí dicen la neta. El matón le dice «limpia». Te habla del clima. De los Tigres. Del tráfico. Te dice que le hables a tu mamá. Que pagues el agua a tiempo. Te dice dónde está el mejor trompo del barrio. Dónde queda el metro más cerca. Sabe dónde estacionarse. No te dice por qué. Nomás te enseña cómo.
Las cabezas más gritonas. Más negras. El Norte. El otro con la chica en lencería en la página tres. El que te da el vato en la bolería.
Todos esperan a que la calle se apague. A que caiga un silencio que significa que todo se acabó.
Sigue prendida. Sigue caliente.
No le queda de otra.
El municipio pinta "AQUÍ SE RESUELVE" en los tambos de la basura y en los costados de los camiones pero todos saben qué se mueve y qué no.
Para las chicas y los tipos, lo único que hay es el que sigue. El otro turno.
El neón zumbando. La puerta entreabierta, como siempre. La cortina roja al fondo del pasillo. La Virgen en la ventana, sosteniéndote la mirada. Una orden a medias del Tlaquepaque arriba del escritorio. En el cuartito de la derecha, una chica gime —¡Ay, papi!— y le escurre en la cara el sudor de un tipo tres veces más grande que ella.
Y alguien sabe exactamente dónde dejar la troca a las tres de la mañana.
¡Ay, papi! A plena luz, al oscurecer, 3:00 AM. Monterrey, centro. Alguien está tumbando a los que manejan los masajes. Uno por uno. Una bala bien puesta en la cabeza. El Metro subió otra vez. Las tortillas también. ¿Sabes quién vende el mejor pozole de este rancho? Las chicas siguen dando servicios. Los tipos siguen pagando. Una bala tiene la última palabra.
—¿Recuerdas sus caras? —le pregunta él.
—¿Recuerdas las nuestras? —responde ella.
Hay un lado de la ciudad que vive del anonimato. Es a donde caes cuando no encuentras lo que buscas en ningún otro lado. Llegas, te dan lo que vienes buscando. Y vuelves. Lo único real es la feria en el pantalón y los billetes bien dobladitos al fondo de la bolsa.
Monterrey, centro. Alguien está tumbando a los que manejan los masajes, uno por uno, a puro plomazo bien puesto en la cabeza.
Las chicas siguen con las cuentas. Los vatos siguen parados en la puerta. Afuera el pinche letrero nomás dice "¡YA ABRIMOS!" Y a alguien todavía le queda jale por hacer.
La verdad se encuentra en lo no guionizado, lo incómodo y lo no resuelto.
SOLICITO CHICAS, dice el letrero. Hay uno en esta cuadra, y en la que sigue, y en la que sigue. Esto es depredación a escala industrial. Y chance es más grande todavía.
Las chicas hablan pelón de todo el desmadre. Lo que piensan de los hombres. Cómo se miran. Qué cuesta hacer el jale. Qué importa y qué vale madre, y por qué.
Trato de novios es inventado, pero no miente. La historia se va contigo a tu casa, y esta noche no duermes solo. ¡Pásele, caballero! ¡Pásele! Aquí están las chicas. Las caras cambian. La cuadra es la misma. Mañana es otro pedo. No lo vas a olvidar.
Llámale confesión de un delito en caliente.
Donde el hambre y el antojo se hacen compas y el neón escupe la noche, no le muerdes la mano al que te da de tragar. Le truenas la cabeza.
Actos descarados de violencia, narrados por el perpetrador, acompañan una mirada sin pelos de hasta dónde se avienta la gente por lo que quiere, una mirada desde ambos lados de la transacción.
Cada quien se lleva lo que vino a chingarse.
Ellas se van con la renta y con ganas de volver mañana.
Tú te vas con la sonrisita que te dura tres cuadras.
Nomás hay una pregunta. ¿Qué se necesita pa' monetizar lo humano? ¿Qué se necesita pa' agarrar una tajada del pastel?
Como dicen las chicas: —Algunos de esos orgasmos sí son reales.
¿Qué prefieres creer?
Los que miran se hacen pendejos.
Los que la hacen ya andan buscando al siguiente.
Al cerrar la noche, todo está claro. Ella va a lo suyo. Tú vas a lo tuyo.
¿Quieres un consejo? Sal de ahí antes de que truenen los cuetes. Mejor aún, invítala a un café. Ya mero amanece. Le gustaría. Nunca se sabe. A lo mejor hoy sí tienen suerte los dos.
El problema.
—No ocupo que me des voz. Ya tengo. El problema es que nadie me escucha.
. . .
Opciones.
—Mira. No me tengas lástima. Ni se te ocurra. Esto lo elegí. De todo lo que sé hacer, esto sirve. Me da opciones. Si no te gusta lo que hago, lo siento. Hasta ahí llega.
. . .
Las palabras adecuadas.
—Todos somos animales y nos chingamos el uno al otro cada oportunidad que tengamos.
Déjalo en manos de esta. Tiene un don para encontrar las palabras adecuadas.
—Lo ves a diario —ella continuó—. No me digas que no. Está detrás de cada titular que publicas. Es la razón por la que tienes un trabajo. Algunas simplemente somos más directas al respecto.
. . .
Lo que realmente importa.
—¿Te crees algo, ¿verdad? Conseguiste meterle la verga. Ella gimió por ti.
—¿Sabes qué? No conseguiste nada realmente importante.
—No estabas invitado a la fiesta de cumpleaños de su hijo.
—O al velorio de su mamá.
. . .
Se esfuerzan más.
—Sí, hablamos de los tipos a sus espaldas. Está chido para una risa de vez en cuando. Todas las chicas están de acuerdo. Los guapos son los más decepcionantes. Mucho ruido y... ¿ya está? ¿Eso es todo? Los de aspecto promedio se esfuerzan más. Tengo muchas más probabilidades de llegar al orgasmo con un tipo que se esfuerza que con uno que piensa que es un campeón porque tiene un cuerpo musculoso y lleva un traje caro.
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Dos razones.
—Hay dos razones por las que las chicas se involucran en esto, —comenzó ella—. Una es para apoyar a sus familias. La otra es porque les gusta estar en medio de la mierda.
. . .
Gracias.
—Aún no he terminado de enojarme contigo —ella dijo—, pero quería decirte algo.
—Contaste nuestras historias. Sabía que lo harías. Gracias.
Dicho esto, se dio la vuelta y se alejó. No miró atrás.
Yo sabía que no lo haría.
¿Qué te llevó a escribir sobre esto? Nadie habla de esto ni lo hace de esta manera. A la gente le gusta pintar eslóganes en las aceras e insiste en que eso marca la diferencia, pero nadie habla de cómo es realmente vivir aquí y lidiar con esto a diario.
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...bájale de huevos cabrón déjate de mamadas puto no sabes con kien te estas metiendo no te lo voya desir dos veces...
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No puedes sentir lástima por alguien que ha elegido su camino en la vida. Quienes quieren meterse en la mierda, se meten en la mierda. Saben lo que están haciendo. Todas quieren estar allí. Si no, no estarían. Eso no va a cambiar.
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...aléjate de mis chicas, ojete, si no quieres acabar hecho pedazos en una hielera y con tu cara en el cartel de los desaparecidos...
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Monterrey tiene mucho más que ofrecer aparte de la C. Villagrán. ¿Por qué no visitas los museos? Deja la Viagra, digo, Villagrán. ¡Haz algo saludable por una vez! Tenemos más que putas en Monterrey. ¡Mundial 2026!
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¿Escribiste una historia sobre las putas? ¿En serio wey? ¡Qué dulce de tu parte! ¿Por qué no escribes algo sobre la gente que se levanta temprano para ir a chambear todos los días? Los que no toman el atajo... También tienen vidas que importan con historias que contar y cosas que decir...
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"Las que trabajamos aquí. No nos gusta hablar de eso. ¿Quieres saber por qué me quedo? Nadie lo había preguntado antes. No puedo creer que alguien siquiera piense en eso. No puedo creer que esté escribiendo esto..."
Próximamente.
Próximamente.
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Próximamente.
Los muertitos no importaban. Importaba la historia de amor.
¿Qué no harías por lana?
Hay cosas mejores que el sexo. Matar es una de ellas.
Sólo hay una cosa que el dinero no compra: la sinceridad.
Nada dice te amo como tronar un cuete. Neta.
Llámale confesión de un delito en caliente.
Querer es terminal.
Encaríñate bajo tu propio riesgo.
Contacto.
Derechos. Colab. Desarrollo.
Presentación.
¿Recuerdas sus caras?
Hoja de ventas.
No hay nada igual.
Sitio web.
Inicio.
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The same but different.
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¡Fuga!
Duele. Cuesta. La máquina no da cambio. MÁS.