Trato de novios: autopsia del deseo.
Rájale a la calle con bisturí, a ver qué trae adentro.
El letrero. ABIERTO. Ni nombre en la pared. SE SOLICITAN CHICAS. Con Sharpie en un pedazo de cartón. Aquí es legal. Pelón, a la vista de todos. Con permiso de hace un chingo. Todos muerden. El municipio. Los placas. La maña. Ella se va bien puteada con la feria hasta el fondo de la bolsa. Él sale con su sonrisita de culero, bien parado, con la verga dura que le dura dos cuadras.
Acabas rápido. Le dices adiós. Aguas al salir, fíjate dónde pisas. El dueño. El jefe. El de la puerta. A cada uno un plomazo en la cabeza. A quemarropa. Igual que Arteaga la semana pasada. Igual que Montemayor la anterior.
Quien truena... Te dice dónde dejar el carro sin que te lo cargue la grúa. Te pasa el dato de quién trae el lechero más chido del pueblo. Las gringas y las piratas más mamalonas. Dónde venden un ceviche que vale la pena morirse. No dice por qué chingados. Nomás muestra cómo.
Trato de novios es servicio completo. No es historia con inicio y final; es una pinche mancha que no se lava. Pagas y te dan. Las voces. Los cuartos. La rutina. El aburrimiento. El asco. Con billete todo se olvida. Diles lo que quieren oír. Y tú invéntate lo que sea pa' aguantar. Cuerpos dale y dale. El tráfico parado en el semáforo. Ojos vacíos. Sonrisas de culero. Tú quieres trama; aquí hay libreta. Quién. Cuántos. A qué hora se metieron. El porcentaje. Lo que queda pa' la bolsa.
Aquí todo se pasa de mano en mano. Unos tienen de sobra. La mayoría no trae ni madres. ¿Atajo? Es lo único que sí le ha pagado en la vida. Detrás de cada peso que cambia de manos, manda una sola regla. Que lo pague ella. Pa' eso está. Sobrevivir es lo único de lo que la raza puede sentirse orgullosa. Los lockers están atrás. Si quieres, empiezas hoy mismo.
No le busques arco. Hay un camión de a quince pesos. Una caminada con el solazo. Tacos del puesto de la esquina. Calles de atrás. La avenida principal. Un gordo en un banquito a un lado de una puerta abierta. Un abanico que no jala. Una regadera que a veces sale. Un contacto que te da toques si lo agarras mal. Puedes scrollear cuando no hay nada más que hacer. No te olvides pararte cuando entra un extraño. Éste apesta. Este otro quiere más de lo que paga. El último dijo que eres especial. Un coro de ¡Ay, papi! a lo largo del pasillo. Regalos de los de siempre. Lo que se siente saber que este mes ya se pagaron todas las cuentas. Lo que se siente llegar a la casa con papitas y dulces y oír los werkos chillar de gusto. Redención es un fajo de billetes. Resolución, un taxi pa' la casa. Acaban de entrar dos. Sonríe. Haz contacto visual. Va a ser buena tarde.
Escena de un documental. Métele la cámara en la cara a los vatos que van saliendo.
—Señor... señor... ¿nos cuenta cómo le fue hoy?
Sesenta segundos después. Lencería. Tacones de plataforma. Chicas. A la orilla de la banqueta. Parando el tráfico. Gritándole al equipo: ¡Váyanse a la verga! ¡Nos espantan el jale! El dueño en lo oscurito, fumando, sonriendo.
La misma cámara se va por pasillos y cuartos. Se asoma por encima del hombro. Hace inventario. Junta recibos. Lo que muestra, muestra. El plano del lugar. Cómo corre la feria. No lo que quiere decir. Nomás cómo es.
Una matazón. Ese es el ángulo. El asesino le dice limpia. Habla de tacos de la calle. Tepache. TLCAN. Los golpes son precisos. Funcionales. El lector saca un mapa, un manual. Entre charcos de sangre y sesos embarrados, las chicas, los tipos, el asesino, todos le hablan directo al lector, pero la estrella del show es el lugar y lo que deja que pase, el arreglo que nos sobrevive a todos. Polvo. Calor. Pintura toda botada. Manchas en las sábanas. Vergüenza. Orgullo. Dos lados en cada trato. ¿Qué está en juego? ¿En la página? Nada. ¿Para el lector? Ser testigo cuesta. El que ve, tiene que vivir con lo que vio. Ahora te toca a ti.
Cada año otra generación cumple dieciocho o por lo menos así te hacen creer. Que no te engañen los brackets. Esto no es tolerancia. Es permiso. Es fomento y aliento. Con licencia de uso de suelo y tarjetón de control sanitario al corriente. En esta esquina hay una sala de masaje desde hace cuarenta años. Otra enfrente. Dos más a la vuelta. Ya es parte del paisaje. Es lo que hay. Nadie se zafa. Algunos le hallan cómo sacarle feria. ¿Quién quieres ser hoy? ¿La chica en la cama o el vato encima de ella?
Pásele, caballero. Pásele. Aquí están las chicas.
Ya puedes soltar el bisturí. Ya acabó.
Duele. Cuesta. La máquina no da cambio. MÁS.