trato de novios

autopsia del deseo

Extras. Son aparte.


En esta página.

Por una vez puede respirar.

¡Llévame al cuarto!

El pedestal.

Échale porras a un cabrón asesino.

Billete en grande.




Por una vez puede respirar.

Hay poco que pueda salvar a un hombre cuando el infierno lo llama y el suelo se abre bajo sus pies. Sólo las calles, la cárcel y la morgue son lo suficientemente fuertes para amortiguar su caída. Una mujer, sin embargo, puede contar con que un desvío aparezca justo antes de tocar fondo: uno que le impide caer más y a veces incluso le ofrece una salida cuando nadie ni nada más lo hará.

SOLICITANDO CHICAS dice el cartel. Hay uno en esta cuadra y la siguiente y la siguiente. El orgullo es lo primero que ella tragará. Una vez que el dinero empieza a llegar, no hay vuelta atrás. Ahora puede pagar la luz antes de que se la corten nuevamente. Ahora puede pagar el dinero de protección que mantiene vivo al padre de su bebé mientras el wey está en el penal. Ahora puede comprarle un juguete a su hijo en lugar de decirle que no y verlo empezar a llorar. Por una vez puede respirar. Al fin y al cabo ella hace las paces con la situación. Es mejor que andar enojada todo el tiempo.

Alguien piensa de otra manera.

Juana fue la primera. Trozos de cráneo y cerebro golpearon la pared detrás del escritorio. La sangre salpicó el libro de cuentas que registraba qué chica hizo qué y cuándo, y una orden de tacos de Tlaquepaque en Rayón a medio comer. Simplemente no era su día.

Juana fue la primera. Luego Pepe. Después Carlos. Luego Claudia, al otro lado de la ciudad. Sin parar. Carlos Salazar. Diego Montemayor. Platón Sánchez. Reforma. (Ese fue triple: tres en una cuadra.)

¿Abierto?

Cerrado.

A plena luz, al oscurecer, 3:00 AM. Monterrey, centro. Alguien está tumbando a los que manejan los masajes. Uno por uno. Una bala bien puesta en la cabeza.

El Metro subió otra vez. Las tortillas también. ¿Sabes quién vende el mejor pozole de este rancho?

Las chicas siguen dando servicios. Los tipos siguen pagando.

Una bala tiene la última palabra.




¡Llévame al cuarto!

Es una callecita, no la avenida principal. Hay varios tipos deambulando por la acera.

No pasa de los veintidós. Trae un pelazo negro que le llega hasta la cintura. Un amuleto deslustrado, el árbol de la vida, cuelga de una cadena trenzada alrededor de su cuello. Las tiras de los tacones se quedan desabrochadas. No tiene pa'l esfuerzo hoy.

Se ve malita. Sudando. Tiritando. Se ocupa más que eso pa que se largue. El wey de la puerta deja el teléfono por un momento y le consigue una silla donde sentarse y algo para ponerse sobre los hombros.

—Llévame al cuarto. ¿Quieres coger?

Trae la voz ronca. No trae pila. Total, nadie la oye. Un taxi avienta el claxon y se arranca antes de que cambie el semáforo.

Es un mundo de inversión. El rencor se esconde tras una sonrisa. El asco se hace pasar por un placer fingido. Su tono es cariñoso, pero la interacción es completamente anónima. Cuanto más vulgar se vuelve, más piensan los chicos que lo dice en serio. Todo en la experiencia es falso, insincero, artificial, pero siempre funciona. Los tipos lo devoran, se van con una sonrisa y vuelven tan pronto como pueden permitírselo. Tienen a sus favoritos y viceversa, pero en el fondo de todo ello se encuentra el mensaje de que las personas—incluso en su momento más vulnerable—son reemplazables, intercambiables, prescindibles, desechables. La superficie es todo lo que hay. Ningún momento importa más que otro. Encaríñate bajo tu propio riesgo.

¿Qué pasa cuando se encienden las luces y ella sube al camión y regresa a casa? ¿Y luego qué? ¿Quién vigila a los niños o cuida a mamá cuando es hora de ir a trabajar? ¿Qué pasa si tiene diarrea o cólicos menstruales tan fuertes que no puede levantarse de la cama? ¿Qué más hay que soñar o alcanzar? De pie en el umbral de una puerta con lencería. Fabricando erecciones. Ingeriendo su contenido. Un desgraciado menos, quedan diez. Quince si es una buena noche. Hay una historia humana en algún lugar de fondo, en alguna colonia donde termina su recorrido el autobús #68 o #223. Hay alguien que ella necesita y ama, y alguien que la necesita y la ama a ella. ¿Alguien lo sabe? ¿A alguien le importa? ¿Cambiaría algo si alguien lo supiera y a alguien le importara?




El Pedestal.

INTRODUCCIÓN

Lo que sigue nunca se convertirá en un taquillazo tipo Hollywood. No incluye un «viaje del héroe». No incluye ningún héroe. Solo hay una colección de personajes que hablan por sí mismos. Entre ellos. Y contigo.

Si he hecho bien mi trabajo, encontrarán una meditación oscura, inquietante, intensa y dolorosamente sincera sobre no el lado oscuro de la ciudad ni las tentaciones de la noche sino algo mucho más perverso: la naturaleza humana. Y si hay un burdel de por medio, es el que todos conocemos, el que está al otro lado de la puerta, el que encontramos cada día al despertar, el que algunos llaman «necesidad» y otros «oportunidad». El que se llama el mundo real. Todos los demás palidece en comparación.

Cada uno aporta a una obra de arte su propia comprensión: ideas preconcebidas que se apresuran a afirmar y suposiciones que se apresuran a defender. Todo lo que he escrito pretende desafiar lo que sabes y crees saber. Todo. Y a cada uno de ustedes.

I.

A plena luz del día. Al anochecer. A las 3:00 de la mañana. Una mirada rápida. Un brazo extendido. Sus súplicas son interrumpidas por el fogonazo y la sordera momentánea provocada por un disparo a quemarropa.

No siempre fue tan fácil.

LEE LO DEMÁS. DEJA OFRENDA. CONFIESA. BORRADOR MÁS RECIENTE.




Échale porras a un cabrón asesino.

Chicas en la puerta. Tipos en la banqueta. El gordo en una banca.

Canta lo obvio.

La ruca con su libreta de contabilidad. Lleva el control de todo. Te da cambio si le hablas bonito.

Dodge Charger parado. Bloqueando tráfico. Nadie les dice que no. Sacan lo suyo y se pelan.

—Qué les vaya bien... señores.

Condones por caja de cien. Prudence por docena.

Nueva morra. Le acaba de entrar. Se topó con el letrero pegado en la barda. Tú sabes cuál.

Llevan cuarenta años con un putero en esta esquina. Otro en frente. Dos a la vuelta.

Todo pa' que los vatos tengan donde desahogarse a las dos de la tarde.

La raza esperando la ruta. Un señor vende hot dogs de un carrito. Una señora vende tamales, lonches, papitas, dulces.

Las bardas prenden rojo y azul. La patrulla. Van al Seven para café.

La cara que se le pone a este chamaco cuando ella le dice: —Está cerrado, corazón. La cortina de acero se suelta desde arriba. Dos candados dicen: —Vete a tu casa. Buenas noches.

Esto que lees no solo te saca feria y te gime. Es lo único que no te miente en todo el día.

Échale porras a un cabrón asesino. Di los nombres. Mírate en el espejo. Dale un chingazo.

Cágate en los poderosos que le sacan feria a esto. Cágate en los que se hacen pendejos y voltean pa' otro lado.

Dile a Jesús que se baje de la cruz y se agarre a madrazos como hombre.

Deja de chaquetearte con ideas. Dale de tragar al que tiene hambre. No reduzcas a la gente a lo que hacen.

Pregunta cuánto cuesta algo en realidad. Pregunta si el billete puede tapar lo que está jodido.

El reportero que viene con preguntas. Nadie se acuerda de su nombre.

¿Qué queda?

Una nota garabateada en un ticket del Oxxo. Un recado hablado bajito al celular. Un rueguecito susurrado en un pasillo a oscuras. Una amenaza gritada tras una puerta con llave.

Estas cosas se van a olvidar. O las van a borrar.

Testimonio es peligroso. Alguien cree. No afloja. No se va.

Grabaciones distorsionadas. Fotos todas culeras. Pruebas que hay que guardar. O quemar.

Ese es el jale. Paga el cover. O quédate afuera bajo la lluvia. Tú decides. La máquina no da cambio.

Vale la pena repetirlo.

La verdad se encuentra en lo no guionizado, lo incómodo y lo no resuelto.

Échale porras a un cabrón asesino.

Pregunta si el billete puede tapar lo que está jodido.

Vete a tu casa. Buenas noches.




Billete en grande.

Acá el vicio no se esconde. No tiene por qué. Esa es la historia. Reforma. Montemayor. Villagrán. Platón Sánchez. Salazar. Madero, la mera avenida. Y apenas le andamos rascando. Esto apenas va empezando.

Debería de haber una app pa' llevarle el rollo a todo este desmadre.

El glow del neón pinta la esquina de un cuarto que se ve desde una calle bien transitada. Cuerpos esperando avientan sombras en la pared. La quincena. El jale anda con todo. «¡Llévame a mí! ¡Llévame a mí!» Se oye como morrita. Y se ve igual. Billete en grande mientras dure. No te dejes engañar por los brackets.

Las calles son de leyenda. Las puertas entreabiertas o de par en par, casi todas con un vato o una morra en la entrada echándole gritos a la raza pa' que se metan a checar lo que traen adentro.

Ahí mero fue donde empezó.

—Wey, wey. Ve y coge y ya. ¿Okay? No vas a encontrar el amor en un putero. ¿Qué pendejada traes en la cabeza? Nomás pásatela chido. Eso es lo más que vas a sacar. Ella está ahí por sus pedos. Tú estás ahí por los tuyos. Trátala bien. Hazle el día. No eres tan especial como crees. No puedes arreglar México. No la puedes arreglar a ella. Y no te puedes arreglar a ti."

¿Nomás coger?

Alguien tiene otras ideas.



Más.

Meterle un madrazo.

Llámale confesión.

El patrón se volvió loco.

¡Pásele, caballero! ¡Pásele!

English version.

Duele. Cuesta. La máquina no da cambio. Métete ya.

Activos de PI

Presentación.

Hoja de ventas.

Pitch Package.